|
L a semana acabó con una noticia buena y otra mala. Mala, según quién la mire, porque con la espantada de Ikea habrán suspirado de alivio en el sector del mueble. Como si fuera un castillo -obviamente con folleto de instrucciones y llave allen-, creo que en Badajoz construimos en el aire la sede de la multinacional sueca. Podían más las ganas que la realidad y se impuso la segunda apelando al silogismo de que si no se venden casas, no se venden muebles, por lo que un Ikea más, que vende muebles, no tiene sentido.
La noticia buena es que el viejo cortijo del ferial de Caya será derruido y allí el Ayuntamiento levantará un auditorio para conciertos. Es una apuesta más por la zona de Caya, llamada a ser el motor del nuevo Badajoz que se está perfilando lentamente. Pero el futuro auditorio plantea un reto: llenarlo.
Después de Mecano y Miguel Bosé, desde que el Viejo Vivero acogió a Alejandro Sanz a principio de los noventa sólo Bisbal y Chenoa juntos han congregado miles de espectadores. Aquello fue en 2002 y la euforia del momento ayudó a llenar el césped. Después pasaron tres años en blanco y Melendi suspendió su bolo en el ferial porque no se vendían entradas cuando días antes Elefantes y Los Delinquentes tocaron casi en solitario. El conciertódromo previsto en el ferial, para seismil espectadores, está llamado a romper el silogismo de que en Badajoz no hay conciertos porque la gente no acude y por eso los empresarios no los organizan.
A la espera de que llegue este auditorio -dicen que para este invierno- ahí sigue el Mercantil, que esta semana cumple su doce aniversario. Enhorabuena. Es otro formato, pero supone un oasis en mitad del desierto musical que es esta ciudad.
|